COMO UNA TROMPETA: El origen

No llego a entender del todo el por qué de mi necesidad de cambio. Me refiero a ese impulso repentino, casi imperceptible en los inicios y repiqueteante hasta la explosión en su proceso final. Cuando menos me lo espero, todo aquello que todavía “no es” se convierte en un mar de posibilidades infinitas de las que solo me separa una decisión: SI, adelante, allá voy y sea lo que dios quiera (en este caso, me vuelvo muy clásica con el encomendamiento a Dios), y casi como el punto de no retorno característico del orgasmo masculino, el cambio se necesita a si mismo y a mi no me queda otra alternativa. Con el paso de los años, he aprendido a aceptarlo: lo presiento, lo siento y lo experimento con el método menos dramático que he conseguido desarrollar y ya os digo yo que a veces es muy dramático, porque lo que me gusta a mi un drama…natación sincronizada.

Ana y yo trabajábamos juntas en un proyecto que tenía los días contados. Llego un momento en el que la única decisión posible era abandonarlo, o esperar a que el nos abandonara a nosotras. La verdad es que tuvo un poco de las dos cosas, de hecho tardé algunos meses en deshacerme de esa textura de casa en ruinas, desprendiéndose de forma lenta y crujiente tras mis pasos. Es más fácil marcharse cuando lo que dejas también te está dejando a ti, pero adolece a su vez de una emoción más triste, más pegajosa… como de no quererse desprender del todo.

– Ana, yo me voy. No se donde exactamente, pero me voy. Calor. ¿Que quieres de beber?
Ella… Ana, que probablemente andaba en un lugar desde el que tenía que hacer unas cuantas comprobaciones sobre si misma, (ahora voy a inventarme un poco la escena para darle un tono más novelesco pero no se de que estilo), elevando su mirada de gotas de mercurio chispeante (igual me he pasado), me dijo: Pues me voy contigo.

Y así terminamos en Malta, ¿por qué Malta? En realidad da igual, no es muy interesante. Me apetece más describiros la imagen de nuestra llegada a esa roca de color cagueta, donde la mitad de las casas también estaban en ruinas… en ruinas? Mira que casualidad. El autobús X3 nos dejó en medio de una tormenta de Febrero, a la orilla de un paseo de bares cerrados y un bramido de olas inabarcable para tres provincianas acostumbradas a la sobria estepa y el rugido seco del viento manchego.  Digo 3 porque Samuel también vino con nosotras, se unió a este viaje desde el mismo lugar en ruinas y tal vez hacia otra búsqueda…el bramido de las olas no eras más fuerte que el bramido de mi pecho, que latía tan fuerte, tan bestia, tan lleno de todo lo indefinible….

La Isla del mediterráneo nos recibió con un mes de lluvias. Y allí comenzamos, en ese bajo con una puerta roja y un llamador antiguo de los de Toc toc toc contra la madera. Desorientadas en esas calles descallejadas, siempre buscando el mar. Teníamos poco dinero, pero mucho más del que queríamos gastar, porque “éramos grandes y no sirvió para nada” y cada euro que gastábamos nos recordaba la derrota que las hijas del bienestar habíamos experimentado, allá por los años 10. Teníamos un disco duro lleno de películas dobladas y un horario estricto para las comidas y las cenas. Comíamos muy sano, muchas legumbres, y recuerdo la primera noche en la que nos permitimos comprar una botella de ron y emborracharnos ¿os acordáis? en la mesa de nuestra cocina-salón-dormitorio de Samuel…regodeándonos en el placer de nuestra novela del exilio con la ventana abierta hacia la noche llena de futuros, recorriendo por primera vez el camino paralelo al mar que iba arrastrando en cada recorrido una parte de la pereza y del pasado; el túnel de lavado que nos dejó como nuevas. No teníamos Wifi e íbamos a buscarlo al McDonald´s del centro comercial (como imaginaréis a una se le iba todo el aire bucólico de la novela en este momento), porque al principio, el echar de menos se nos hizo un poco pesado y había más de contar que de vivir….claro.

Hacía frío, estábamos solas, comíamos lentejas… y yo tenía una guitarra. Y así sin más…. apareció la trompeta.

 

Fdo: Karmento, Mudanzas

Una opinión en “COMO UNA TROMPETA: El origen

  1. Cuando tu mundo te escupe fuera de él, no queda otra que sacar quitar las telarañas a todo lo que hay en el interior del polvoriento baúl de las herramientas…. y joder!!! cuanta creatividad andaba dormida y ausente en nuestras vidas.
    Vivan las islas de descubrimiento, los chozos de barro, las plumas, las guitarras, los pinceles y las trompetas que acompañan en el viaje.

    Os queremos.

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