DEMANDA DE EMPLEO

Recuerdo 2011, cuando rezagada por la crisis que comenzó en 2008 decidí marcharme a Malta. Recuerdo que apenas en un año todo lo que parecía seguro se desvaneció, y fuimos tantos los expulsados de nuestra tierra y nuestros itinerarios de jóvenes preparados para recoger los frutos, que derivamos en una nueva sociedad, con una nueva normalidad de la que ya no había a donde regresar.

A mi me pilló con ganas de comienzos, así que para mi fue más una oportunidad que una condena, no sin pérdidas, porque recuerdo que en menos de 6 meses pasamos de ser imprescindibles a ser olvidados, así sin más, cada uno destronado de su reino, buscándonos la vida con los últimos ahorros y un buen currículum inservible. Para mi supuso el nacimiento de Karmento, y un giro de 180º en el rumbo de mi vida, y giré el timón y navegué. Y giramos el timón, y navegamos.

9 años después, cuando apenas habíamos tenido tiempo de colocar las piezas de lego, y conformar una estructura relativamente estable desde donde proyectar alguna forma de futuro, de habernos reinventado en los cánones de la reinvención de la generación “copo de nieve” donde todos somos diferentes, valiosos y especiales, y cada cual puede poner su propio precio, después de haber hecho el máster correspondiente a 5000 como mínimo para ser distinto en un mundo laboral donde tener una carrera de la universidad pública te hace tan especial como tener ojos. Tras varios años de incorporar todos los lemas del pensamiento positivo transformados en sloganes formato Instagram, que parece que todos los profesionales de la postcrisis fuimos asesorados por los mismos expertos del marketing online, eche usted cursos! repitiendo fórmulas y pagando a escuelas privadas que se multiplican como setas para formar nuevos talentos, adaptados a un nuevo mercado al que a mi, sinceramente, cada vez me cuesta más encontrarle el sentido.

La generación que nunca ha vivido una guerra, ni una gran catástrofe, ni una pandemia, acepta la guerra que le ha tocado librar; la guerra del inescrutable futuro. Una guerra en la que no puedes ver claramente a tu enemigo, ni reconocer el tacto de las armas con las que puedes defenderte. Una guerra más bien basada en la pérdida de control de nuestro propio rumbo, de no saber a que velocidad puede volver a saltar todo por los aires, y cuales van a ser en esta ocasión las pérdidas, como ese juego en el que hay un caballo al que por turnos tienes que ir poniendo complementos, y el reloj hace tic tac, pero no sabes cuanto tiempo va a tardar el caballo en ponerse a galopar y lanzar todos los complementos por los aires. Pues así, sin tener ni puta idea vuelves a montarlo todo en cada partida, y no encuentras un patrón que te ayude a anticiparte, porque tu no controlas ese algoritmo o lo que sea, así que tienes que estar en guardia todo el tiempo, porque no sabes la magnitud de la amenaza, ni la velocidad a la que puede llegar hasta ti. Y con certeza ahora sabemos, que hay enemigos que arrasan.

Esta noche me he puesto muy triste mirando a mis amigos a través de los cuadros de la videollamada. Los echo muchísimo de menos aunque en la vida del presente, en la pantalla, tratamos de olvidar que no podemos estimar ni por asomo cuando podremos volver a vernos, y gracias a Dios todos estamos vivos y sanos. Y hemos tenido tantas conversaciones a menos de un metro de distancia sobre la distopia de este mundo absurdo en el que nos hemos convertido, y sobre un colapso inevitable, que igual creemos poder amortiguar aprovechando el confinamiento para hacer cursos online, o planificando un cambio de rumbo, otra vez. Otra vez… Inventando un plan B todo el rato.

Y nada, yo, mientras el rumbo de los proyectos se dibuja como un horizonte difuminado, he pensado en echar una temporada en el campo, ¿En el campo campo?- me pregunta Aroha- Y normal que me pregunte porque mi reino no deja de ser un reino burgués, más allá de cuatro aceitunas que he cogido en toda mi vida, que lo más seguro es que me vuelva al quinto día con el rabo entre las piernas, pero si, al campo campo, o al menos algo que me lleve a terreno y me permita salir de este confinamiento del mundo virtual. Al campo porque creo que es donde ahora se necesita gente, y porque yo ahora necesito aire, agua y tierra, e igual también necesito eslomarme un poco. Y si, esto es una demanda de empleo.

17 de Abril de 2020, en mitad de una pandemia. Karmento

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *