Mi canción Quedar contigo: El origen

Y un día le compré un coche a un pirata Maltés por 350 euros. Aguantó 9 meses con vida y pequeños achaques hasta que llegó el día de su muerte; rápida e implacable: cintas de motor quemadas en la mitad de la carretera de Mosta, y que hice desaparecer a golpe de llamada, dando los datos exactos de su localización. Como por arte de magia, El abuelo se evaporó de la noche a la mañana, literalmente. El abuelo era mi coche, con la chapa llena de roces y el motor en proceso de demencia senil. El abuelo: un Peugeot 205, que necesitaba de una coordinación delicada y precisa de manos y pies para bramar como una manada de mamuts en mitad de la estampida; el abuelo era un hombre genuino y gracias a él, yo compuse esta canción: Quedar contigo.

(AQUÍ IBA UNA FOTO DEL ABUELO, PERO NO HE SIDO CAPAZ DE ENCONTRARLAS)

A menudo pasaba en Malta, que se pinchaban las ruedas de nuestros coches temporales a 300 euros. Y te ibas al taller mecánico más cercano, o al que te recomendaba el amigo de uno que conocia a uno, para hacer el recambio, que solia ser por otra rueda más vieja que la anterior si cabe, con parches hasta en los parches, por 40 euros, que hay que ver lo rata y chanchullera que se puede volver una en el extranjero.

Bueno, el caso es que El abuelo un día pinchó, y el amigo de un amigo de uno me recomendó a un mecánico, que imagino, algo de comisión le dejaria por mandarle clientes. Supongo que me cagué en todo varias veces, porque así es un poco el carácter Maltés forjado a base de trompicones y saltos de plano … Santa Madonna! Y todo se pega. Así que cagándome en todo llegué al mecanico y le presenté la situación: Good morning, I need to change my wheel. Y a partir de ahí…a dejarse hacer y esperar…esperar… una de esas cosas que hay que aprender a hacer en esa isla: esperar mientras sudas. Si te lo curras, con un poco de suerte y espriritualidad puedes incluso aprender a disfrutar la espera.

Y allí me encontraba yo, disfrutando de una espera.

El mecánico, del que no recuerdo el nombre pero seguramente se apellidaría Buhagiar, y que a partir de ahora sera Pedro, me enseñaba paso por paso los entresijos de su labor. No se si Pedro estaba acostumbrado a que los clientes mostraran tanto interés por su trabajo, pero yo realmente estaba interesada, sobretodo en el olor y las manchas del proceso de cambiar una rueda. Lo que pasa es que durante el transcurso lento y jocoso; del Sur, de semejante tarea, pues una tiene tiempo para todo. Sentada en un pilar entre los dos surtidores, con las piernas colgando y las chanclas probablemente en el suelo, cogí una libreta y un lápiz que llevaba en la mochila, y comencé a pensar en vosotros, y al fondo, la banda sonora de Pedro, el abuelo y la rueda.

Ya una parte de mi estaba de vuelta en ese momento; no se si un pie, o la mitad del tronco, pero en esos días, sentía la nostalgia de los orígenes más a menudo. No recuerdo exactamente cuando escribí esta canción, pero recuerdo muy bien lo que estaba sintiendo…ese desenlace, ese decrescendo donde el tiempo comienza de algún modo a contarse, ese momento en que comienza el camino de vuelta, que será de ahora para siempre un camino circular, que siempre me acercará a algo que amo, para alejarme de algo que amo; y viceversa, pero siempre amando.

He estado siguiendo las agujas del reloj Tic Tac….

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