Mudanzas, un año después

Ha pasado un año desde que salió Mudanzas, y creo que es la música perfecta para escribir sobre esta experiencia que ha supuesto para mi el segundo proceso de muerte y resurrección de mi vida. Me apetece, y creo que me vendrá bien. Quien sigue mi trayectoria sabe que encuentro en esta intimidad de compartirme, mi propia regeneración. No se cuanto durará el resumen, ya me conocéis, igual hago esta entrada y se acabó, o igual si tengo suerte y sábados por la mañana libres, os narro la historia de Karmento por capítulos…que más da, igual vos no encontráis ningún espacio libre donde encajar este lugar común, que es el cuento de una cantautora.. así del rollo, entre Bebe, Rozalén, y… bueno, pues de ese rollo ya sabes…que como nos gusta compararlo todo 😀

Texto número 1: El des-amor, la pena, la sombra.

Quiero hablar de la sombra, porque hay muchas razones por las que se puede entrar en la oscuridad, porque le pasa a algunas personas que somos de esa pasta bipolar que no siempre se sabe gestionar alrededor, y porque confío en el poder de mis palabras para que si estás ahí detrás y este texto te toca de algún modo, entiendas y creas en lo que te digo: Eres la dueña de tu vida, eres el dueño de tu vida y puedes aprender a vivir con tus sombras. Pide ayuda. Escríbeme.. o busca en tu ciudad  lugares como este.

Tarde 3 sesiones en grabar Como una Trompeta.*(un día de loca grabé este vídeo)

Sabía que el miedo podría paralizarte hasta tirarte al suelo, pero ya no me acordaba hasta que llegó esa noche, la noche en que tuve que poner la voz definitiva a la primera canción. No pude, sencillamente. La tensión a la que había estado sometiéndome a mi misma, como la más sádica de las tiranas, llego a su estallido final, contracturando mis cuerdas vocales hasta convertirlas en una roca. No podía cantar, llevaba meses sin poder cantar, asumiendo una voz plana e impostada de ganas de tirarlo todo por la borda. En verdad, no era tan importante, nada lo es tanto que merezca la pena un nivel de sufrimiento de no ser capaz de ver la luz, el primer día de sol del invierno. Pensé dejarlo muchas veces, muchas, en verdad pensaba en dejarlo casi todo el tiempo, mandar a Karmento a tomar por culo, salir volando y someterme a un lavado de cerebro que me hiciera olvidar que alguna vez, fui cantante, o música, o compositora, o algo,  o a la mierda. ¿Por qué no lo hice? pues todavía a estas alturas no puedo responder a esa pregunta, todavía hay días, esos en los que siento fuego en la traquea y me palpita hasta la campanilla, en los que me encuentro un poco perdida…es muy duro aceptar que una no tiene respuestas para si misma, cuando aspira a tener respuestas para todo.

En la sesión en la que conseguí grabar Como una trompeta estaba mi madre, todavía me emociono cuando recuerdo ese momento, mirándola tras el cristal y intentando conectarme con su amor para aceptar cualquier cosa que pudiera pasarme, de pronto tenía 8 años y era mi primera actuación en el cole… “la gente dice: ojala tuviera 20 años y supiera todo lo que se ahora. Y yo digo: ojala tuviera 8 años, para no saber nada de lo que se ahora * El día en que por fin el disco estuvo en sus manos me confesó que esa noche, realmente pensó que no iba a poder, que Mudanzas nunca vería la luz, y la verdad es que esa noche era cierto.

* (Gracias León, poeta, por este precioso aforismo y espero que no te moleste mi licencia)

Tengo que aprovechar este texto para darle las gracias a mi madre y a mi padre. Mercedes, que fuerte fuiste durante este proceso… No se me ocurre algo más horrible que ver sufrir a una de las personas que más amas, y aun con esas, resistir el impulso de sobretegerme. Y mi padre…Paco, ese Capricornio que me hizo aprender del esfuerzo, ese hombre que sin entender nada de nada de mis gritos, mis estallidos de llantos, de ira, mis huidas, me hizo un huerto, me fabricó un par de mesas, y me prestó su tubo de escape emocional, con la esperanza de que antes o después aquella tormenta pasara, y los daños apenas fueran unas tablas rotas, que convertir en una estantería...Mercedes y Paco, en la liga del pañal y la ropa sucia.

Si hay algo peor que pasar por un estado depresivo, es el modo en que la gente que te rodea  lo empeora tratando de ayudarte. Es tan difícil explicar el porque de ese dolor, de esa locura del alma, sobretodo cuando por fuera todo parece brillar, que al final, la única forma de encontrar cierto alivio es aislarse, para no tener que enfrentarte a ti misma y tu locura una y otra vez, a través de los ojos de los demás.

Veréis, no hay ninguna realidad objetiva que pueda indicarnos el grado de brillo o de sombra que una persona atraviesa. No hay ningún indicador observable, ni dinero, ni éxito, ni “que bien que te están saliendo bolos”, ni “pero nena, si te sale la voz como nunca”…  porque es tan subjetiva la percepción de la felicidad, es tan inmaterial y espiritual la condición del alma, que lo mejor que podéis hacer cuando estéis cerca de alguien que atraviesa una depresión es acompañarle y tener preparada la cuerda para cuando quiera salir, y ponerle música bonita, e invitarle a comer helado en silencio, y tocarle el pelo…y ya está…

…TO BE CONTINUED… O NO.

 Karmento

3 pensamientos en “Mudanzas, un año después

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