Perder, morir, renacer, crecer

Todo renacimiento conlleva una muerte, es así, es el ciclo de la vida, repetido una y otra vez, en bucles constantes, pautas repetidas a distinto tempo, fractales que replican la vida más allá de nuestra vida humana. Nacer y morir es lo único real y universal, todos nacemos y morimos, y en un ciclo interminable, las cosas nacen y mueren constantemente: las relaciones, los trabajos, las costumbres, las emociones, las cenas de navidad, los hábitos diarios, el sueño, el deseo, los conflictos…todos los hechos abarcables por esta vida humana son ciclos, multitud de órbitas que giran y confluyen formando una esfera, como los electrones alrededor de un núcleo de átomo. Somos la mitosis de un núcleo de átomo.

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La vida está llena de crisis de vida y muerte, cada gran crisis vital conlleva una muerte y una resurrección, es inevitable, es…ley de vida, y en cada nueva resurrección, se espera se materialice algún tipo de aprendizaje, aparezca algún nuevo conocimiento, una luz que ilumine aquello que antes de morir estaba en la sombra. Pero ninguna guerra salda sin muertes, y en la guerra interior del autocrecimiento, debemos asumir las muertes que provocamos a nuestro paso, los muertos que dejamos en la cuneta. Tal vez, si aceptásemos esta perspectiva, que la muerte es inherente a la vida, la muerte no tendría porque ser cruenta y violenta, ni provocar daños, la muerte;la pérdida, sería un paso necesario e inevitable para volver a nacer. Para crecer, debemos dejar morir aquello que ya no ayuda, que no funciona,que lastra, que nos nos permite crecer. A veces están dentro de nosotras mismas, son hábitos, tendencias, miedos, cobardías; otras veces están fuera, afectan a otras órbitas, son personas, amigos y amigas, amores, trabajos, en los que se proyectan cosas que nos hacen daño y nos aferran al sufrimiento.  Es dificil asumir esto, es dificil dar el paso, desaferrarse. Para la mayor parte de personas es casi imposible desprenderse de esos apegos, pero hay momentos en los que una tiene que renunciar a entrar al campo de batalla para recoger a los heridos, a veces para avanzar, hay que dejar morir.

Y si alcanzamos a entender esto y a aceptarlo, también tienes que aceptar que tu podrías ser la muerte necesaria para otra resurrección, el muerto en la cuneta, el cuerpo herido en el campo de batalla. Aunque a nuestro ego le cueste mucho aceptar esto, resulta que hay una ley más grande que todas nuestras vidas juntas, y en ocasiones tu tendrás que morir para que otra persona pueda crecer. No llores, no patalees durante demasiado tiempo, no luches, no inviertas tus energías en una guerra que no es tuya, sino de la persona que necesita y decide seguir sin ti. Aprende, aprende que no eres el centro del universo, solo el centro de tu pequeña esfera de órbitas. Y siente ese placer, esa satisfacción de estar contribuyendo al orden natural de las cosas, a la ley del universo, a la VIDA en toda su magnitud.

Crecer es morir y resucitar con algo nuevo, todos nacemos y morimos en ciclos constantes y confluentes, de modo que tu resurrección puede suponer una muerte para otra persona. Dejemos de buscar culpables y aprendamos, tomemos la responsabilidad de lograr el equilibrio en nuestro pequeño universo, y si conseguimos hacer esto, alegrémonos, porque este es en verdad el acto de mayor generosidad que podemos hacer por el otro, las otras, el mundo, el universo, el Todo, y por lo tanto por nosotros mismos. Nuestras múltiples órbitas girando de forma constante y confluente, como los electrones alrededor de un núcleo de átomo… en movimiento sereno y constante, conectados, y mutuamente influyentes. Dejemos a la vida ser, y aprendamos a perder, morir, resucitar, crecer.

….. que dificil….

Karmento

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